Mis discípulos, más de una vez me han preguntado en que reside la esencia sacra de los lugares sagrados, es decir, cual es el imán que atrae a iniciados y peregrinos a cargarse de energía en sitios determinados del orbe.
Tema fascinante si los hay, sobre el que por supuesto no faltan explicaciones de todo tipo. Existen desde las más prosaicas, que explican el hecho desde una perspectiva economicista y de relaciones de poder; hasta las más delirantes, que de tan fantasiosas ya son un insulto a la razón. De más está decir que desdeñamos ambas perspectivas, pero con mucho mayor desprecio, repudiamos a las primera alternativa por el hecho de carecer totalmente de “magia”, o lo que es más trágico, de negar la posibilidad de que ésta exista.
En una monumental obra de mi queridísimo amigo y colega Umberto Eco, titulada “El péndulo de Foucault” y de lectura obligatoria para todos los amantes de las tertulias, se relata como un grupo de amigos elabora un plan iniciático que involucra todas las teorías alternativas y metahistóricas conocidas. En la misma, se plantea acerca de la naturaleza de estos sitios sagrados diciendo que estos serían clavijeros o condensadores de energía por estar ubicados en puntos de intersección de corrientes telúricas, donde los iniciados y sacerdotes mediante prácticas geománticas y rituales, aprovechaban la energía de estos lugares, estudiaban su disposición y la relación que había entre ellos y los astros. Estas corrientes telúricas estarían definidas por la naturaleza magnética de la tierra y por eso serían cambiantes y dependientes de la posición de los cuerpos celestes. Además, todas estas corrientes estarían originadas en un solo punto geográfico, cuyo control permitiría dominar todos los demás nudos. De este modo, la búsqueda obsesiva de este punto neurálgico u “ombligo del mundo”, es el eje de la historia planteada por los personajes de Eco, quienes lograr encastrar en esta trama a todos los hechos históricos trascendentales de los últimos 2.000 años de un modo absolutamente asombroso.
Para seguir adelante con mi exposición, es menester mencionar a los celtas. Este pueblo, o civilización mejor dicho, tuvo su auge en Europa Occidental hace unos 2.500 años. La élite de esta gente estaba conformada por los druidas, quienes eran unos astrólogos notables y prestigiosos iniciados en las artes herméticas. Ellos habrían heredado el conocimiento de civilizaciones previas de cómo utilizar la energía de los sitios sagrados en épocas del año especiales, sobre todo durante los equinoccios. En estos sitios, el motivo principal consiste en impresionantes formaciones de dólmenes (piedras erguidas), como Stonehenge en Inglaterra (aquí cabe recordar uno de los sucesos más enigmáticos de la Biblia, en la cual en el lugar donde Jacob tuvo el sueño iniciático en el cual derrotó a un ángel y recibió el nombre de Israel, al despertar colocó allí una roca erguida y nombró al sitio Bet-El, es decir, La casa de Dios). Además, muchos de estos sitios están unidos por líneas o “leys”, que marcarían la dirección de las corrientes. Para apoyar esta teoría, cabe mencionar el hecho de que las rutas de las aves migratorias siguen estos “leys”. Uno de las principales centro de culto de piedra de los druidas fue romanizado a partir de la conquista de las huestes de Julio César y finalmente cristianizado con la llegada del Evangelio. Hoy, ese antiquísimo centro sagrado es conocido como la Catedral de Chartres, la cual es una de los más intrigantes y hermosos monumentos góticos. Otro caso paradigmático de este sincretismo religioso, es el camino de Santiago, el cual data de tiempos inmemoriales con igual sentido ritual. La peregrinación a Santiago de Compostela, en Galicia, convocaba a viajeros de toda la Europa medieval que se congregaban desde todo el continente siguiendo rutas previamente establecidas. Varios estudios demuestran la profunda significación iniciática de este recorrido, así como la correspondencia y simbolismo astrológico que configura el “ascenso” a Santiago. Esta cristianización de los principales centros sagrados de Europa fue la regla durante los primeros siglos de la era actual. No obstante, las tradiciones ancestrales continuaron vigentes tanto en el folklore popular, así como por la pervivencia de las élites que habrían pasado a la clandestinidad bajo la forma de sociedades secretas.
Por supuesto que este tema no se agotó aquí ni mucho menos. Pronto voy a seguir posteando al respecto, pues tengo material de sobra. Simplemente quería introducir el tema mencionando aspectos esenciales de la materia.
Para concluir, no sabemos qué parte de verdad habrá en todas estas teorías previamente expuestas, sin embargo, yo por lo menos elijo creer. ¿Ustedes?


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