sábado, 27 de octubre de 2007

Vida después de la muerte: Reencarnación

¿Hay vida después de la muerte? ¿Existe el alma o no somos más que polvo con impulsos electromagnéticos?

Preguntas como estas inquietaron a la humanidad desde siempre, o al menos, desde hace algunos años. Sin embargo, la Academia no puede o no quiere involucrarse en esta cuestión, por tener cosas mucho más importantes que hacer. Sin embargo, existen honrosas excepciones. Una de ellas, es el caso de mi estimado colega y amigo, el recientemente fallecido Dr. Ian Stevenson de la Universidad de Virginia. Este ilustre Científico (así, con mayúsculas) dedicó su vida a recopilar casos de reencarnación, viajando por todo el mundo para investigar diversas manifestaciones de este fenómeno. A él le debo mi interés en la materia y va dedicado este post.

En sus numerosos libros, Stevenson ilustró casos de reencarnación y, muy concretamente, sobre niños que recordaban sus vidas anteriores. Su obra incorpora además cientos de fotografías, incluyendo un estudio de marcas de nacimiento que no pueden atribuirse a factores hereditarios, y se ocupa también de malformaciones y otras anomalías que no son heredadas ni producto de causas prenatales (antes del parto) o perinatales (después del parto). Para muchas de estas marcas, no había otra explicación que la reencarnación. En algunos casos, Stevenson aportaba la prueba de que muchas de estas marcas podían atribuirse a la causa de la muerte del niño en su vida anterior.

En su obra se recogen casos en los que un difunto se le aparece a una mujer embarazada o todavía no embarazada y le anuncia que quiere nacer como hijo suyo. Estos sueños se dan mucho en Birmania y entre los indios de Alaska. En otras culturas, por ejemplo los indios tlingit y los igbos de Nigeria, se examina al recién nacido en busca de marcas que indiquen si un difunto al que hayan conocido ha vuelto a nacer entre ellos. Y en tribus de África Occidental se marca al difunto para poder identificarlo cuando renazca.

El factor común más corriente que indica un renacimiento es el del niño que recuerda vidas anteriores y habla de ellas, casi siempre entre los dos y los cuatro años. Estos recuerdos van borrándose gradualmente entre los cinco y los ocho años, aunque hay excepciones en los que niños mayores recuerdan vidas anteriores. Algunos niños viven los recuerdos con tanta emoción y presencia que suelen hablar de su otra vida en presente. Y casi todos pueden explicar los hechos que condujeron a su muerte.

Stevenson aporta otros ejemplos para su teoría: los niños que no murieron de muerte natural muchas veces desarrollaron fobias. Si se ahogaron tenían fobia al agua; si murieron por herida de bala tenían horror a las armas de fuego y a las detonaciones; si murieron por accidente de circulación, tenían fobia a automóviles, camiones o autobuses. Pudo comprobar que estas fobias se acentuaban cuando la persona alcanzaba la edad en que sucedió su muerte. Esta teoría incluye también las adicciones: adictos al alcohol o al tabaco en una vida anterior, manifiestan o desarrollan de niños apetencia por estas drogas. Muchos niños expresan dotes o habilidades que poseían en su vida anterior. Y personas que en la vida anterior tenían otro sexo tienen dificultades para adaptarse al nuevo.

Es paradigmático que la mayor cantidad de casos se haya dado en la India, donde la existencia de la reencarnación está fuera de duda y es parte de la religión oficial. Seguramente, un medio cultural que estimule y no sofoque ni reprima la percepción de estas manifestaciones, registrará muchas más experiencias que una sociedad donde la reencarnación sea un tema tabú.

A continuación, voy a reproducir un par de casos paradigmáticos sobre este fenómeno:

El 19 de enero de 1951, Munna, un pequeño de seis años, jugaba delante de la tienda de su padre, peluquero de Kannauj, una importante ciudad del norte de la India. Dos desconocidos aparecieron repentinamente y sin que nadie los observe raptaron al niño. Al constatar su ausencia el padre, Sri Jageshwar Prasad, se inquietó. Hizo buscar a Munna y algunas horas más tarde encontraron el cadáver del pequeño degollado a la orilla de un río. Muy pronto, dos hombres fueron detenidos y uno de ellos confesó el crimen, pero luego se retractó. Como no se logró encontrar ninguna prueba formal de su culpabilidad, la policía decidió soltarlos. Seis meses después de la muerte de Munna, nació en otro barrio de Kannauj, Shankar, hijo de Sri Babu Ram Gupta. Apenas aprendió sus primeras palabras, el niño mostró un comportamiento extraño. A los dos años hablaba de su "otra casa" a la que le gustaría volver. Quería ver a sus "otros padres" y no cesaba de reclamar unos juguetes que describía con mucha precisión y que nunca tuvo. En ocasiones, Shankar era presa de grandes temores, y contaba como en su "otra vida" dos hombres lo degollaron. Desde su nacimiento, el chico tenía bajo el mentón, a lo ancho del cuello, una marca misteriosa que parecía ser una larga cicatriz. En 1954 la historia de Shankar recorrió la ciudad entera y delante de numerosos testigos y en varias ocasiones contó "su" asesinato. Entregó detalles que nunca fueron dados a conocer a la opinión pública, pero que correspondían a la confesión del acusado que se retractó posteriormente. Esto llegó a oídos de Jageshwar: turbado, quizo conocer a Shankar; pero el padre de éste, Babu Ram, se opuso a ello. El asunto comenzó a inquietarlo y temía que le puedieran quitar a su hijo. Jageshwar insistió y el 30 de julio de 1955 logró conocer a Shankar y a su madre. El niño que acaba de cumplir cuatro años reconocó a Jageshwar y se lanzó a sus brazos.

Entre los drusos, que pertenecen a una secta islámica minoritaria, es general la creencia en la reencarnación, la cual constituye un elemento fundamental de sus creencias. Sin embargo, muchos drusos expresan un considerable escepticismo sobre algunos casos particulares de reencarnación, es decir, que no se trata de un pueblo simple y crédulo En el Líbano, en una aldea de nombre Kornayel, situada a unos quince o veinte kilometros al este de Beirut, se dió un caso excepcional que fue investigado minuciosamente por Ian Stevenson. Cuando se entrevistó con Mohamed Elawar y su esposa, en su primera entrevista le informaron de que su hijo Imad había nacido en diciembre de 1958. Pudiera haberse sospechado de que algo extraño estaba sucediendo, cuando la primera palabra que dijo el niño fue "Jamileh", el cual era el nombre de la amante de Ibrahim Bouhamzy, el hombre que se suponía se reencarnó en Imad. Tan pronto como estuvo en condiciones de formar frases, Imad comenzó a hablar de su vida pasada. Su padre lo castigaba frecuentemente por "decir mentiras", pero Imad persistía. A la edad de 2 años y de modo espontaneo reconoció en la calle a un vecino de Bouhamzy. Dió muchos detalles de su casa (es decir, de la casa de Bouhamzy), de sus parientes y de la propia vida del difunto. Pese a todo, su familia no se sintió impulsada a comprobar lo que podía haber de cierto en todo aquello. Mohammed, el padre, había asistido en una ocasión a un funeral en la ciudad de Khriby, donde viviera Bouhamzy, pero no conocía a éste ni a miembro alguno de su familia. Los dos pueblos estas separados por unos 30 kilometros, pero en aquella época los habitantes de esta región del Líbano no solían viajar mucho, asi que los miembros de las dos familias, Elawar y Bouhamzy, estaban seguros de no haberse conocido antes. Después de hacerse con toda la información posible sobre Imad, Stevenson se dirigió a Khriby para recoger todos los datos que pudiera sobre la familia Bouhamzy. Finalmente, Imad y su padre fueron llevados a Khriby, donde Imad fue presentado a la familia Bouhamzy. El niño reconoció espontaneamente a muchos de sus miembros, a los que se dirigió de la manera apropiada. Los Bouhamzy se quedaron atónitos al ver cómo se comportaba Imad, lo cual es un aspecto muy interesante en este tipo de casos. La familia Bouhamzy afirmó que aquel niño de cinco años actuaba exactamente igual que lo había hecho Ibrahim Bouhamzy.

Update:

En una de las medidas más absurdas de totalitarismo, el régimen chino prohibió a los monjes tibetanos que se reencarnen sin permiso del gobierno. ¡No es joda! Miren...


3 comentarios:

Ezequiel Mandelbaum dijo...

Estimado Angus, ante todo mis felicitaciones por llevar a cabo tan ambicioso proyecto. Creo que todos los que lo conocemos estábamos esperando que tarde o temprano se propusiera obsequiar su sabiduría.
Con respecto al tema de la reencarnación, quisiera acercarle una inquietud que me acompaña desde hace tiempo. (Le aclaro que no soy muy propenso a creer en la transmigración de las almas, aunque debo reconocer que eso probablemente se deba más que nada a que hace más o menos 2 ó 3 vidas me tocó ser un reconocido filósofo escéptico y creo que aún guardo algunas de sus mañas).
Nunca pude comprender ciertas cuestiones, a saber: cuántas almas hay en el mundo? Se crean nuevas almas día a día? Porque si tenemos en cuenta el crecimiento de la población mundial... claro que hay ciertas personas en las que la existencia de un alma es por lo menos dudosa... pero aún así... Si partimos de un primer hombre, cómo llegamos al estado actual de cosas? Me dirán que también se puede reencarnar en animales, pero si bien no tengo los datos exactos, me parece que ni así llegamos. En tal caso creo que de morir, lo más probable es que me toque ser mosquito.
Será que sólo existe UN gran alma, y que cada ser viviente toma un pedacito de ahí? Eso explicaría tal vez la degradación actual. En fin, podría referirle otras dudas del estilo, pero preferiría ir por partes, como Jack, aquel hombre que tal vez esté entre nosotros.

Angus dijo...

Frater Mandel, la respuesta es muy simple, solo tiene que abrir su pueril mente.
En el mundo actualmente existen 6.513.238.903 personas, varias de las cuales estrenan un alma 0 km. Además, tenga en cuenta que la asignación de almas no es una ordinaria regla de tres simple, en la que a cada bebé recién nacido se le asigna instantáneamente un alma de alguien recién fallecido, funciona más bien como la burocracia de la UBA, en la que las almas se transpapelan, se pierden, se fragmentan o se repiten. Además, considere que la población que vive actualmente, a pesar de ser la mayor en toda la historia de la especie, es solo una pequeña fracción de todos los homo sapiens sapiens que habitaron alguna vez el globo.
Respecto a la reencarnación en animales, se cree más probable que animales hayan reencarnado en humanos que viceversa, a causa de la escasez de almas en stock. Este hecho claramente explicaría gran parte de la problemática mundial…

Angus dijo...

Entienda mi querido Wilson que en este blog no va a encontrar ninguna respuesta, sino tan solo preguntas. Lo que yo hago es tirar el centro al área para que usted y el resto de mis lectores cabezee al arco. Si lo que usted está esperando son respuestas armadas que lo dejen dormir tanquilo, mejor lea el horóscopo de la Viva.
Con afecto, Angus.