En la actualidad, casi no hay misterio de la historia que no involucre a estos monjes guerreros de la Edad Media. Por esto, bien vale dar una explicación sobre quienes fueron estos pibes y porque despiertan tanta fascinación a 700 años de su desaparición oficial.
En primer lugar, vamos a hacer un poco de historia para contextualiar su surgimiento.
La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo fue fundada en 1118 por dos caballeros francos a instancias de San Bernardo de Claraval, teniendo como particularidad que se trataría de una orden de monjes-guerreros. En el contexto de las Cruzadas, siendo ya nueve, se presentaron ante el rey de la recientemente conquistada Jerusalem y se ofrecieron a custodiar el camino entre la Ciudad Santa y el puerto de Jaffa. Poco después, el rey les entregó como vivienda una parte del templo de Jerusalem, lo que les dio el nombre definitivo de Caballeros Templarios. Diez años permanecieron en esa condición, sin aumentar su número ni inmiscuirse en las guerras santas en que estaba sumida la zona. En 1128, San Bernardo logró en el Concilio de Troyes que la Orden del Temple dependa exlusivamente del poder papal, sin sujeción alguna a las autoridades eclesiásticas o terrenales y liberada de todo impuesto. A partir del Concilio, sus principales miembros recorrieron el mundo de entonces reclutando fondos y enrolando efectivos para asumir, ahora sí, la Guerra Santa.
Estos legendarios y bravos guerreros, en Europa se transformaron en un factor de crecimiento, pacificación y civilización. En un plano de respeto al conocimiento y creencias monoteistas, los templarios entablaron en Oriente relaciones, entre batalla y batalla, con musulmanes y rabinos a los que invitaron a su base en Francia para discutir y aprender de ellos.
Paralelamente a su enriquecimiento, forjaron y ampararon una legión de artesanos. Desarrollaron el arte gótico y características arquitectónicas muy peculiares en todos sus edificios. Construyeron o ayudaron a construir más de 70 de catedrales en menos de 100 años, que liberadas del románico, se alzan hacia el cielo, en abierto desafío a la ley de gravedad. Protegieron "fraternidades" constructoras que luego se transformarían en la semilla de la francmasonería. Despejaron los caminos de ladrones salteadores con lo que abrieron las rutas al comercio. Difundieron la letra de cambio y la banca y con sus extensos cultivos alimentaron como nunca a hombres y bestias de Europa. De este modo, la buena administración, la excención de impuestos, los botines de guerra, las continuas donaciones y buenos negocios, dieron como fruto el enriquecimiento de la Orden.
La noche del viernes 13 de octubre de 1307, el Rey de Francia Felipe el Hermoso hizo arrestar a los templarios de su reino, de quien era deudor. Acusados de herejía, sodomía, confesión comunitaria, escupir el crucifijo y otros argumentos, los nobles caballeros debieron sufrir lo indecible en cárceles pestilentes, frías, oscuras, hostiles hasta su destino final: la hoguera.
Hasta aquí la historia, a partir de ahora, la leyenda.
Es bastante comentado el raro hecho de que el Rey Balduino, a poco de llegar los 9 primitivos caballeros a Jerusalem, les ofreciera como alojamiento nada menos que el Templo y poco después los dejara como únicos ocupantes. Uno de los supuestos más firmes es que la misión secreta impuesta por San Bernardo era la búsqueda del Arca de la Alianza y las Tablas de la Ley, que suponía enterradas en el Templo. Es probable que con las "Tablas de la Ley" hubiera copias de algunos documentos sagrados egipcios que Moisés (sacerdote egipcio iniciado) se habría llevado en el éxodo, tal vez motivo determinante de la encarnizada persecución del Faraón. Diez años después de su llegada, los caballeros regresaron y cinco de ellos asistieron al Concilio. Atrás, en el Templo de Jerusalén no ha quedado piedra sin remover. Hasta han recuperado una caballeriza subterránea de Salomón, que podía alojar 2000 caballos. No hay constancia de que hayan encontrado el Arca y la Ley... pero a partir de su regreso parecieron haber adquirido de pronto los suficientes conocimientos arquitectónicos como para dejar de lado la pesada construcción románica y pasar a la catedral gótica.
La destrucción y literal aniquilamiento de la Orden ocurrieron en Francia, dominio de Felipe el Hermoso, donde inexplicablemente los caballeros, combatientes ejemplares, se entregaron mansamente como corderos. Se dice, sin embargo, que su poderosa flota naval, con asiento en La Rochelle, soltó amarras con destino desconocido. No ocurrió lo mismo en otros países. En Alemania resistieron la orden de entregarse y pasaron a integrar los caballeros teutónicos. En Portugal tomaron el primitivo nombre de Pobres Caballeros de Cristo. En España, ingresaron en otras Ordenes, es decir cambiaron de hábito. De ahí que muchos supongan que el Temple no ha muerto sino pasado a la clandestinidad. ¿No es acaso templaria la cruz pintada en las carabelas de Colón y de los navegantes portugueses? De este hecho surgen las teorías que sugieren que los Templarios visitaban asiduamente el continente americano y que de ellos haya obtenido Colón sus mapas.
Aparentemente, los templarios se establecieron siempre en enclaves mágicos, sagrados, lugares de mucha energía, donde por otra parte, ya habían existido otros cultos y construcciones sagradas. Se dice entonces que bebieron de fuentes más antiguas, a veces no conocidas, que su sincretismo religioso conjugó el esoterismo esenio y judío con el sufismo, el gnosticismo, la alquimia, el hermetismo egipcio y el mundo mágico de las runas y el mito del Santo Grial.

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